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¡Por fin es viernes! Esta es la típica frase que repetimos cada semana, como cuando estamos a punto de coger vacaciones y no llega el día… pues lo mismo.

Un día llega y sientes la felicidad más grande del mundo, sólo comparable a estar tumbada en la playa con un gran libro en la mano escuchando el sonido del mar.

No descansar, envejece

Sin duda es necesario desconectar del trabajo, de las obligaciones, del estrés… Nuestro cuerpo y nuestra mente lo necesitan para cargar pilas, para regresar con más ganas, con ideas nuevas, con emociones renovadas y con el cuerpo descansado y rejuvenecido.

Pero no sólo es necesario desconectar en vacaciones, una o dos veces al año. Creo que es necesario desconectar cada día al terminar nuestra jornada laboral y cada semana al llegar el viernes por la tarde.

Hay que saber apagar el móvil y el ordenador al llegar a casa para disfrutar de las pequeñas cosas que, sin darnos cuenta, pasan desapercibidas por su culpa como un mágico paseo, una buena conversación, un sorprendente libro o simplemente, el tan anhelado silencio. ¿Te apuntas?

Hiperconectados

Esta la palabra todavía no la reconoce el corrector ortográfico ni la RAE, pero no tardarán en hacerlo porque es el estado de la mayoría de las personas de este país. ¿Y sabes cuándo te das cuenta de que estas hiperconectado? Cuando te vas al pueblo y no tienes WiFi y por obligación dejas de recibir mensajes y emails y escuchas con atención la conversación que quiere entablar la señora Berta contigo e incluso dejas de tener prisa. De repente te sientes una persona más cercana, más viva y no echas de menos nada porque hay momentos que están para vivirlos y nada más.

Es evidente que descansar es bueno, pero además cada vez hay más estudios que lo atestiguan:

  1. Meditar: Las personas que meditan despiertan hasta en un 30% más una enzima llamada Telomerasa, la fuente de la eterna juventud.
  2. Pasear: Por la playa, el bosque o la naturaleza… dar un largo paseo reduce el estrés y el nivel de frustración. De la misma forma, estar en contacto con la naturaleza de vez en cuando nos sube el ánimo y hace que cuerpo y mente rejuvenezcan. Además si caminamos en compañía aprendemos a valorar las relaciones cercanas, algo que hoy en día, está en peligro de extinción.
  3. Disfruta de lo tuyo y de los tuyos. El trabajo no lo es todo, la familia, lo amigos, la pareja también necesitan de tu tiempo y tú del suyo. Además aunque reconozco que es una suerte que tu trabajo te apasione y disfrutes de él es necesario para mejorar la creatividad disfrutar de hobbies, deportes y de aficiones propias. Descansar no significa no hacer nada.
  4. Duerme y descansa. Muchas veces, más de las que nos gustaría, dormir no es sinónimo de descasar. Los problemas, el exceso de trabajo, las facturas… Nos llevamos a la cama demasiadas preocupaciones que nos impiden tener un sueño reparador durante las ocho horas como mínimo que debemos dormir. Sin duda, es más fácil encarar la semana o la vuelta de vacaciones si hemos aprovechado bien todos lo momentos, incluidos los dedicados al sueño.
    Por eso es muy importante, una hora antes de acostarnos, desconectar los dispositivos electrónicos y relajarnos dejando la mente en blanco.

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Invierte en ti

Aprovecha tu tiempo libre para desconectar y disfrutar de las cosas que te apasionan. Invierte tus vacaciones y tu ocio en hacer cosas que te repercutan felicidad y salud tanto para tu cuerpo como para tu mente. Verás como cuando tengas que regresar al trabajo o a la rutina lo haces con más fuerza y más ganas que nunca.

¡Felices vacaciones! A disfrutar y a desconectar

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